Filosofales I (de la saga Almasucias y Uñasucias)

miércoles 28 de octubre de 2009

A cierto Uñasucia intelectual le dio por pensar que somos todos la misma cosa.

Desatinado, pensaron en su gran mayoría Almasucias y Uñasucias ¿que es eso de que somos la misma cosa? No es lo mismo un europeo que un latinoamericano, ni un argentino que un congoleño, ni si quiera, estando ahí nomás, es igual un peruano que un chileno.

Veamos, la cosa va mas allá de aberraciones fronterizas, explicó el filósofo Uñasucia. Digo que el bichito que usted acaba de aplastar contra la pared no se diferencia mucho de usted.

¿Me está tratando de insecto?

Bien podría reclamarme el insecto que lo estoy tratando de humano. Fíjese, lo único que podría haberle hecho a usted esa hormiga es una buena roncha en el dedo gordo del pié (lo merece – gritó un condescendiente por ahí) o en cualquier otra parte del cuerpo que se le ocurra . En cambio usted, decididamente le apagó la vida con el índice.

¡Por favor! Nos separan años luz de evolución, esos bicho son insignificantes, tienen un estúpido cerebro que solo articula funciones básicas como alimentarse y respirar. Además, se trata de sobrevivir. Si vinieran mil hormigas a comerme vivo, las mataría a todas. A esta la maté por el peligro de que me picase ¿qué me dice ahora, eh?

Pero usted acaba de decir que las hormigas tienen el cerebro estúpido ¿cómo harían entonces para elaborar el plan de sepultarlo en el hormiguero?

Es más, detengámonos en el terreno de que nuestro cerebro es superior al de cualquier insecto ¿eso nos daría la facultad para decidir la vida? Si la respuesta es afirmativa, la acción debería ser generosa y guiada por el amor por el solo hecho de ser un animal “mas inteligente”

Comparto su opinión, dijo otro que acababa de convencerse de la moción.

Tan “estúpido bicho” incluso podría llegar a prosperar en un planeta tierra post-humano. Entonces, hasta que no vibremos junto a la naturaleza reconociéndonos la misma cosa, bichos, plantas y humanos, jamás llegaremos a ser una civilización avanzada, y de no lograrlo nos vamos todos al pozo.

Podríamos comenzar por reconocernos la misma cosa entre todos los humanos. Entonces no guerras, no manipulaciones, no violencia, no divisiones, no extremos y si amor – dijo un convencido desde fondo.
Podríamos, dijo el filósofo.

¡Entonces tampoco Uñasucias y Almasucias! Dijo el verdugo de la hormiga buscando el aquiles del filósofo.

Excelente propuesta, dijo el filósofo.
Exhausto, sin ideas en la lengua y en plena retirada de la reunión, el verdugo de la hormiga, representando la gran mayoría de la población, dijo que no tenía sentido discutir así, que todo era demasiado IDEALISTA y SOÑADOR, alejado de la realidad, y que se dejaran de joder, locos - blasfemos y borrachos y ... ¡PLAF...! la puerta y me voy.


Santiago, el hombre invisible.

martes 8 de septiembre de 2009

Cuando Santiago se dio cuenta que había quedado invisible soltó tal puteada que se ensució el aire tres cuadras a la redonda.
El tipo era de putear por cualquier cosa, el que no lo conoce diría que ensayaba las puteadas; pero no, tenía para el insulto capacidad y destreza , un talento innato que evolucionaba con los años.
El decía que putear no era tan difícil, hijo de puta combinado con pelotudo y un poco de inventiva era infalible. Por ejemplo: “escuchame, pelotudo... me seguís mirando con esa cara de oso hormiguero y te meto tal voleo en el orto que te vas a morir de hambre en el aire, hijo de puta"
Que Santiago puteara a troche y moche no significaba que fuese mal bicho. Muy alejado de esto, era un tipo muy divertido y buen amigo entre los que aceptaban su carácter. El tema era que se iba de mambo sin mucho esfuerzo y si al levantarse de la siesta se chocaba el dedo chiquito del pié contra la pata de la mesita de luz “AGARRATE” durante to-o-o-do el día.
Santiago llevaba mas de 20 años casado con “la reina” como le decía él. No vayan a creer que tal mote era fruto del amor, sino que la llamaba así porque sostenía que estaba todo el día limándose las uñas sin hacer nada y que le gastaba fortunas en carteras y pavadas de mujeres mientras el se rompía el lomo laburando en el puerto de Ingeniero White.
La cosa que tantos años de fricción desgastó la empresa (matrimonio, según Santiago) y se enamoró perdidamente de Natalia, la chica de treinta y pico que trabajaba en la recepción.
Su pelo, negro como la nada, suelto hasta la cintura, sus caderas bien nutridas terminando en pantorrillas de mármol, hasta los pies en punta producto del ejército de tacos altos que desfilaban por sus pies, lo perdían en las nubes perfumadamente rosas del amor.
Nunca le había dicho nada, no hasta ese día. No se animaba, estaba seguro que alguna que otra vez lo había mirado de refilón, pero era tan linda... que no se animaba.
A Santiago siempre le había ido bien con las mujeres, 248 respaldaban su currículum. Le gustaba ser reconocido como mujeriego, hacía alarde de sus historias, puteadas mediante, en las reuniones de amigos. “La Pico Chueco sabía lo que era bueno, le gustaba que la insulte mientras lo hacíamos. Para que... una vez le solté tales palabrotas que me dejó por la mitad y no quiso verme nunca mas. Le dije: como me gusta ese culo de buldog que tenés, cosa rara que sos vos, perra cruza con gato, la puta que te parió...”
Con Natalia era distinto, cada vez que la veía se le imantaban los ojos en el bronce de su piel. Hasta se cuidaba de putear para no mal impresionarla.
Sus amigos lo cebaban, que la encare, que le dijera lo linda que le parecía, que siempre le había ido bárbaro con las minas, que cómo le iba a ir mal con la Natalia.
Santiago masticaba la decisión en aparente calma, luego de las comidas, mientras “la bruja” juntaba la mesa. Miraba la televisión y no la miraba. Se tiraba en la cama para dormir pero lo único que lograba era verla a ella, luz en la oscuridad, lamparita candente que le quitaba el sueño, culpable, condenablemente culpable de los derrames oculares y ojeras del día siguiente.
Puteaba menos, los compañeros de trabajo se daban cuenta de esto. Sobre todo Ramiro, un pibe joven que lo admiraba en carácter y estereotipo. Era recíproco, a Santiago también le caía muy bien Ramiro “es el hijo que nunca tuve” le comentaba a la bruja de vez en cuando. Era con el que mejor se llevaba en el laburo y en la vida, le contaba cosas que ni a su hermano Ramiro, ese sin vergüenza con título de abogado, pituco cajetilla mas agrandado que zorete en kerosene. La relación con su hermano había terminado cuando luego de una discusión política, en el rincón IZQUIERDO... el macho mas macho de todas las pampas: Santiago “pelos en el culo” Ramírez...!!! En el DERECHO... el garca numero UNO de la galaxia: Ramiro “pelotas depiladas” Ramírez...!!!
Decía; la relación había terminado cuando luego de una discusión política lo mando a la recalcada concha de su madre, dicho sea de paso, su mismísima madre también.

A Ramiro también le había contado lo de Natalia. Le tenía toda la fe. “Don Santiago, esa mina está esperando que usted avance, invítela a una cena en el Gambrinus, yo le presto mi departamento ¿Te parece pibe? Ni lo piense Don, encare ciego. El tema es que le llevo como 25 años. Si, pero la facha que tiene usted... con todo respeto, usted es un viejo pintón”
Y ciego fue para adelante.
Entró a la administración, esta vez perfumado, con tranco firme y ropa limpia y planchada.
Miró para ver si lo miraba y no, que mas da, no importaba.
“Señorita Natalia, quisiera invitarla a cenar esta noche, deme la oportunidad de conocerla y conocerme. Sin ningún compromiso, eh. Mi idea es pasar una agradable velada junto a usted comiendo algún plato especial, de esos que preparan en el Gambrinus”
Natalia ni siquiera levantó la vista de la computadora. Sin parar de teclear le contestó “por favor señor, no me moleste, estoy ocupada. Que pase el que sigue...”
Quiso putearla, pero no pudo, lo primero que hizo Santiago fue mirar para todos lados para ver si alguien había sido testigo de la derrota. No había nadie, “menos mal” pensó, y se fue lo mas disimuladamente posible al baño del recinto.
“Pero que pedazo de hijo de un camión de remilputas que soy. Diplomado, Master en IDIOTA con beca para doctorado en PELOTUDO!!!” Luego siguiron una serie de (PIP’S) que no vale la pena citarlos por ordinarios y de mal gusto.
Con el peso del fracaso aplastándole la médula se miró al espejo y se vio invisible.
“Estoy invisible” se dijo “Sabés que pasa Santiago... a cierta edad uno se vuelve invisible para las minas, transparente. Te las cruzas por la calle y miran a través tuyo. Ni te registran... ESTAS JODIDAMENTE INVISIBLE MACHO”

"Historia del Tahuantinsuyo" Fin de la cultura andina.

lunes 10 de agosto de 2009

Cuando viajé a Cusco, Perú y luego de recorrer por dos semanas la mayor cantidad de ruinas Incas que estuvieron a mi alcance, se me vino una pregunta a la cabeza: ¿Cómo fue que los españoles pudieron conquistar tan basto y poderoso imperio? Para despejar dudas charlé con gente idónea de la historia y finalmente, adquirí un libro para saber mas: “Historia del Tahuantinsuyo” de María Rotsworowski de Diez Canseco. El mismo resultó sumamente interesante y, entre otras cosas, aclaró mis dudas al respecto. Aquí paso a contarles, a juicio propio, lo aprendido y comprendido de cómo fue que un puñado de españoles aplastó el Tahuantinsuyo.
El Imperio Inca duró aproximadamente 100 años. La palabra “Imperio” trataré de no emplearla de ahora en adelante debido a que es un término europeo y no andino, en reemplazo usaré la palabra Tahuantinsuyo, que es como se llamaba verdaderamente las cuatro regiones bajo el dominio Inca.
Los Incas comenzaron el sometimiento de otras macroetnias existentes en el Perú hacia el año 1438, cuando lograron apoderarse de Cusco “ombligo del mundo” y capital del Imperio; cada macroetnia estaba bajo el gobierno de Grandes Señores, a quienes los Incas ofrecían dos alternativas para aceptar la sumición; en primer término los invitaban pacíficamente a participar de un sistema de “reciprocidad”, en el cual los incas ofrecían regalos, mujeres y grandes fiestas en la plaza principal del Cusco, donde bebían y festejaban lazos de amistad, a cambio del reconocimiento del soberano y de mano de obra para la construcción imperial (agricultores, arquitectos, orfebres y guerreros que lucharían bajo el mando de jefes incaicos) En segundo término, de no aceptar este sistema de “reciprocidad”, se recurría la fuerza para el sometimiento. El sistema de reciprocidad no tuvo lugar en los extremos norte y sur del Tahuantinsuyo debido a las largas distancias y a que se hacía insostenible practicar dicho método en tan basto territorio.
En la plenitud del incario, la gran expansión fue difícil de controlar. Lejos de una armonía y paz perdurable, los levantamientos contra los Incas eran constantes y se acentuaron debido a una disputa de poder entre los hermanos Huáscar y Atahualpa, herederos del gobierno de Huayna Capac. Esto coincidó con la llegada de los españoles, situación favorable para los mismos ya que el Tahuantinsuyo se encontraba debilitado debido a la lucha civil por el poder disputada entre los hermanos. Después de varios años de guerrear, Atahualpa derrotó a Huayna Capac y se consolidó como el Inca gobernante.
La pregunta es: ¿Cómo pudieron los españoles con tan solo un centenar de hombres conquistar el Tahuantinsuyo?
Pizarro advirtió los sucesos recientes y, gracias a informantes y aliados, logró tomar contacto con Atahualpa.
Por otro lado habían informado también a Atahualpa de extraños seres que viajaban en casas flotantes de madera y que montaban enormes y desconocidas bestias. Esto generaba mucha intriga en el jefe Inca, quien movido por la curiosidad e insertidumbre aceptó un encuentro con dichos seres. El acercamiento se dio mediante regalos entre ambas partes, Pizarro obsequió copas de vidrio al Inca supremo, mientras que Atahualpa devolvió la gentileza con comidas y especias.
No se sabe con exactitud cómo fue la emboscada que los españoles tendieros al gobernante del Tahuantinsuyo. Atahualpa fue tomado como rehén y luego ejecutado. Acéfalos de gobierno, las etnias que en su momento fueron dominadas por los Incas, vieron en los españoles la oportunidad de recuperar su tan deseada libertad y se unieron a sus ejércitos para terminar con el Tahuantinsuyo. Dicha libertad jamás llegó, puesto que una vez conquistados los Incas, los recursos de naturales fueron saqueados y tuvieron que postrarse ante la cruz y los reyes de España. De ahí la añoranza latente y respirable en el Perú por los tiempos de los Incas...

Desde el Imperio Inca II

viernes 19 de junio de 2009

Tengo ganas de estar por tres meses mas acá!!!
Les cuento que hoy íbamos a ir a Puno a conocer el Lago Titicaca y cuando estábamos por pasar de provincia nos encontramos con las rutas llenas de toscas y árboles, eran los nativos haciendo huelga (por el conflicto que todos sabemos) La cosa es que no nos dejaron pasar así que tuvimos que pegar la vuelta, intentamos ir por una ruta alternativa y tampoco pudimos, habían quemado el puente, parece que el país está muy agitado con todo esto pero… no hay mal que por bien no venga, le preguntamos al taxi que nos llevaba si no había algún lugar copado en el camino, cuando volvíamos y nos llevó a Pikillán, una súper ciudad preinca que ocupa 300 hectáreas de extensión, el taxista un capo, sabía un montón de historia y muchas leyendas del lugar, luego conocimos un fuerte Inca intacto también muy bueno y después nos llevó a Tipón, una mega infraestructura hídrica, llena de canales de agua perfectos, excelentemente combinados con la arquitectura del lugar, lleno de canaletas, terrazas y también era un centro energético que los Incas usaban para practicar con sus shamanes y brujos. Una cosa es contarlo, otra es estar en ese lugar, me emocioné hasta las lágrimas, no se puede explicar, semejante hermosura acompañada incesantemente por el ruido del agua de sus canales y canaletas, como si fuera un río, INCREÍBLE!!!
La cosa es que nos olvidamos por completo del trago amargo de Puno y la pasamos de puta madre.
Y eso que todavía no fui a Machu!!! Ya contaré.

Besos y gracias por escribir, ya pasaré por sus blogs cuando vuelva.

Chauuuu

PD: les debo imágenes, intenté pero no suben NUNCA! las máquinas son muy lerdas.

Desde el imperio Inca

miércoles 17 de junio de 2009

Gente que quiero, dos puntos.
Les cuento que estoy muy bien, la ciudad de Cusco es muy "loca" esa es la palabra.
Conocimos varias ruinas en los pueblitos Ollantaytambo, Urubamba y Pisaq. La gente es muy copada, aunque no faltó quien nos haga el cuento del tío. Acá nada tiene precio fijo, todo es negociable, un remate enorme. Por ejemplo, compré un super tapiz que valía unos 150 soles en 70, fue el mejor logro mercantil obtenido hasta ahora. Todo el tiempo te persiguen queriendo venderte algo "amigo, amigo, gorritos de alpaca, porta botellitas de lana, guantes para el frío, etc" Si te dejás tentar terminas comprando de todo, las artesanías son de exelente calidad.
Cusco es todo colores, olores e historia.
Me tengo que ir, me están apurando.
Besos!

Historia estelar.

sábado 30 de mayo de 2009

Los almitas asoman sus narices frías cuando la ciudad coincide en sueño. Esos minutos que a veces son segundos o milésimas, bastan para que concreten su trabajo, descolgar estrellas del cielo y esconderlas en su guarida.
No les puedo explicar la sensación que me envolvió la noche que vi a un almita bajar una estrella, o mejor dicho, si puedo explicarles, pero no sé si van a creerme...

Trabajo como sereno en un local de artículos para el hogar. Es un trabajo rutinario, solitario, como todos sabemos. La falta de compañeros ayuda a que los párpados pesen plomo y venza el sueño.

Hace 1095 días, o tres años, el sueño me había derrotado como de costumbre. Un perro callejero me despertó con un ladrido agudo, al borde del aullido, salí a la vereda y lo reté como a un niño, pero en idioma perruno - ¡Cáchilo! ¡Fuira de ahí! - se calló de mala gana, protestando quejidos y estornudos.
Respiré profundamente la noche, me parecía hermosa “alguien debería de haberle puesto silenciadores a las gargantas de los sapos y a los escapes de los autos” pensé mientras sonreía de gozo. “Que paz” dije a la noche y di un giro sobre mis talones para volver al trabajo, fue ahí cuando lo vi… el cuerpecito blanco y pululante del almita subió al cielo enroscándose como un tirabuzón hasta hacerse un punto alfiler a la vista. Luego desapareció por completo.
El perro, que se había ubicado imperceptible a mi derecha, aulló a la luna apuntando el hocico en dirección contraria a donde buscaban mis ojos, entonces me sumé a la perspectiva. Una estrella se despintó del cielo; había visto estrellas fugaces, sobre todo en campo abierto, pero esta no desaparecía perdiéndose en el abismo, sino que caía en picada hacia la tierra, más precisamente en dirección donde yo estaba. Entonces el estallido, me temblaron los huesos, fue un espasmo terrible. El impacto destelló un fogonazo que volvió blanco todos los objetos de alrededor. El universo concebido, tan material, tangible e invulnerable, inexorablemente ligado a mi existencia, había dejado de ser tal para volverse un blanco purísimo, primitivo. Todo este gran desorden transcurrió en el silencio mas puro. Tamaño desorden a la retina y ninguna vibración que me cosquilleara el tímpano para decirme (si, todo esto ocurrió en verdad)
Lentamente las cosas comenzaron a recobrar sus formas y colores. Las calles volvieron a ser calles, los edificios, edificios, la esquina volvió a tener su antiguo buzón, su vereda desprolija y yo, con mis manos reapareciendo ante mis ojos, volví a ser.
Todo fue lo de antes, salvo el humo blanco, repleto de pequeñas y crispantes partículas azules, eléctricamente azules, que escapaba de una alcantarilla cercana. Fui hasta allí, levanté la tapa de hierro y descendí, sintiéndome por primera vez en la vida como una hormiga bajo toneladas de pavimento, tierra y cemento.
Busqué algún encendedor o cerilla en los bolsillos, algo que me ayudara a trazar el mapa tubular y subterráneo donde me hallaba. Había olvidado todo en el paquete de cigarrillos, dentro del local donde trabajaba.
La oscuridad era sepulcral, mis manos eran mis ojos, así avancé a tientas hasta que vi pasar a un almita resplandeciente, unos 200 metros más adelante. Lo seguí haciendo el menor ruido posible. Al llegar a una bóveda-laboratorio se detuvo, uniéndose a varios almitas mas que, aparentemente, trabajaban en algo que comprendí luego.
De rodillas, oculto detrás de unas grandes cañerías, los observé por largo rato.

- Chriiii chriiii woko olimmm.
- Baaaa shi friiiiiiiiic.
- Chriiiiii xiam xiam xiam.

Chirriaban en su idioma incomprensible, pululaban enérgicos alrededor de pedazos de estrellas que se apoyaban en una especie de mesas compactas y cuadradas.
Algunos simplemente conversaban, otros envolvían en aluminio pedazos incandescentes de estrellas, calculé, con el objeto de enfriarlas, y más alejados, en el fondo de la bóveda, un grupo de almitas desenvolvían los paquetes de aluminio y, mediante instrumentos punzantes, reducían a polvo los astros celestes ya enfriados. El polvo obtenido era depositado en pequeños tubos de vidrio, tal cual los de laboratorio.
Cuando estaba completamente compenetrado en el alocado escenario, algo peludo me rozó el pié, era una gran rata, gorda, cerdosa. Del susto y la impresión, pegué un estampido y fui a dar un cabezazo involuntario contra las tuberías que colgaban del techo, el golpe sordo hizo eco de mi presencia.
Los almitas habían dejado de hacer sus labores y, unánimemente, me observaban con sus grandes ojos violetas.
Comenzaron a chirriar:



Primero uno


- Whuni i -i -p.


Luego otro
- Fe fe iiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Y otro
-Iaaaaa quiiiiiiiiiium.


Y llegó un momento en que me pareció que todos chirriaban debatiendo qué hacer conmigo.
Ni siquiera atiné a correr, quedé petrificado, esperando que el jurado dictamine sentencia. Uno de ellos se acercó y me apoyó su manecilla helada sobre el hombro. Esperando lo peor, le supliqué que no me hiciera daño. Con la otra mano tapó mis ojos y viajé, o tal vez no, a un plano distinto del que sabe mi existencia; el caso es que me encontré flotando en el cosmos, el planeta Tierra se veía esférico, distante, y fui testigo de las acciones de los almitas, los vi robar estrellas y llevarlas hacia la Tierra. La imagen se tornó familiar cuando comprendí el significado: la Tierra “un óvulo”; las estrellas “el fertilizante de la vida”. Luego un talco estelar envolvió la atmósfera y todo germinó sin respiro.

Cuando volví en si me encontré parado en la vereda del local donde trabajo, sosteniendo un tubito con polvo estelar en la mano.
Sonó el celular, era mi novia, llamaba para darme la mejor noticia jamás recibida... estábamos esperando un bebé.

Nuestro pedacito de estrella se llama Santino, tiene ya dos años y tres meses.
A poco tiempo de nacer, recuerdo latente, emitió sus primeros sonidos

- Wiki aia friiiiiiiiiiii…

Todo, menos la cabeza.

jueves 14 de mayo de 2009

Había olvidado la carnada arriba de la mesa, en el garge, en el estante de arriba, en algún lugar de su mundo. Los anzuelos colgaban alocados y desnudos al viento, que los mordía en dirección sur. Revisó cada recoveco de la camioneta, puso la mano en la pera intentando recordar e hizo agua en el esfuerzo.
Lejos de ocultar a los peces, el agua los delataba en sus más tímidos movimientos. Se los veía bien alimentados, grandes, como gustan ser pescados. La belleza del paisaje respondía directamente a la ausencia del hombre. Las palmeras meneaban sus melenas copiosas del suave oleaje del mar. Golpeando contra las rocas costeras, un frasco oscuro, carcomido por la sal, era el único reproche a la pulcritud de la playa.
Los cormoranes volaban en círculos sobre la cabeza del pescador. En el alboroto lograron llamar su atención, en cierto momento le pereció ver que la bandada se alineaba de tal manera que, uniendo a cada individuo con el trazo de la imaginación, formaban la pululante figura de un pez ceniciento en contraste con el azul profundo del cielo. La figura duró algunos segundos, luego se desintegró en un bombardeo plumífero que arremetía contra la mar y se alzaba en vuelo apesadumbrado por el peso adicional de los besugos.
El llamado del cardumen era tan irresistible que hasta creía verlo en las nubes; pero su torpe memoria mantenía los anzuelos desiertos. Maldijo entre dientes el agujero de su cabeza y repasó la búsqueda entre sus pertenencias.
Trató de encontrar algún cangrejo, pero se habían tomado vacaciones mar adentro, al igual que los cornalitos y demás bichos posiblemente útiles para cebo.
Husmeó en la orilla, debajo de las rocas, entre las algas, y hasta sistemáticamente, en sus bolsillos. La paciencia, frágil estructura en caída libre, acababa de encontrar el fondo haciéndose añicos.
En un ataque de ira tomo la caña y lanzó con violencia un tiro que, en vez de ganar distancia, gano espectacularidad en altura, tuvo que hacerse sombra con la mano para divisar la plomada que parecía tragada por el sol. Cuando la gravedad la devolvió, cayó a pocos metros suyo, exactamente donde el cardumen de peces. Rió nervioso por lo tragicómico de la situación “había hecho cientos de quilómetros, había encontrado el paraíso de los peces; ahí estaba, con el mar y el cardumen haciéndole cosquillas en los pies, y el muy estúpido con un montón de tanza, plomo y acero sumergido en el edén, o detalle: sin carnada”. El sacudón de la tanza lo volvió de sus pensamientos, se hizo presente con firmeza en su dedo índice e instantáneamente comenzó a enrollar. Tres peces habían mordido su destino, unido al pescador y a su saña. Sostuvo incrédulo entre sus manos las apreciables piezas.
Con el segundo lanzamiento vinieron tres mas, situación que se repitió una y otra vez en un tire y junte incesante, en un permanente chapotear de aletas que no se resignaban a abandonar el mar y se anclaban con desespero a la arena mojada, testigo casual de la lucha vana, que terminaba irremediablemente en el depósito de plástico, estertores por medio, en el apagar piadoso de la muerte.
La emoción no le cabía en el pecho, no lo dejó pensar en lo ilógico de la pesca hasta agotado el stock. El recuento sumó veinticuatro pescados de inmejorable tamaño y condición. Extenuado, se desplomó en la arena y ahí quedó, pensativo, mirando la otananza.
Cuando la luna decidió retirar la marea emergió el primer cangrejo. El pescador lo vio dirigirse a toda prisa detrás del frasco oscuro, que había quedado varado entre las piedras; con ayuda de sus pinzas logró echarse el frasco al lomo y caminar los cinco metros distantes hasta pescador. Lo depositó al alcance de su mano y luego se fue, ya interesado en los bichos que encontraba a su paso. Sin demaciada sorpresa, el pescador encontró en el interior del recipiente las lombrices rojas que había seleccionado minuciosamente y que accidentalmente, había olvidado en su casa.

A la mañana siguiente despertó temprano para ir a pescar, revisó los preparativos y efectivamente, había olvidado incluir en ellos al frasco oscuro con la carnada viva, que yacía expectante en la pileta del lavadero.
La pesca fue exitosa.
 
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