Tristezas de Julio

jueves, 16 de octubre de 2008

Te extrañamos tanto...
Si habrá llorado el lagarto Juancho cuando todo herido se fue de la casa,
¿te acordas?
John aún sigue enterrado en el fondo del patio. Lo sé, fue un descuido infantil, algo triste que para que vamos a ahondar en el tema.

Ese ímpetu que tenías de investigarlo todo, las horas que nos dejabas de lado puesto en cuclillas para mirar a las hormigas. Pasó tanto tiempo. Nos preguntamos si seguirás observándolas.

La goma de camión se hizo humo. Tus armas secretas fueron desbaratadas y el cuartel junto con los soldados vaya a saber uno en qué batalla se perdieron.
El hombre de las dos cabezas está muy bien, vive en el lavadero de tu tía. Te manda saludo a dúo ¡que cómico! También viven allí el rubio de melena afeminada y el gato verde. El buda, misterioso como siempre, impone respeto desde el estante mas alto.

Hay cosas de las que fuimos testigos que no tendrían que contarse, como la matanza de caracoles en aquella tarde de verano después de la lluvia. Lamentamos decirte que no lograste exterminarlos a todos. Los caracoles son habilidosos jugadores de escondidas y por más que uno busque e investigue en todos los rincones siempre queda alguno sin revisar, y ahí está un caracol cuernitos al sol.

Cuántos recuerdos Julio...
Las veces que te habrás peleado por alguno de nosotros. Eso nos ponía orgullosos.
-Esta tarde se pelea por mí– decía yo.
-Cuánto a que lo hace por mí– decía otro.
Y resulta que lo hacías por el que estaba último en la fila, el de la pierna rota.

Solo te reprochamos una cosa querido Julio. No te lo queríamos decir al principio, pero luego discutimos y decidimos confesarte, esperamos lo entiendas, y es que creciste muy de golpe, muy de sopetón te convertiste en hombre y nos olvidaste. Ojo, sabemos que a veces tomás el té con tus recuerdos y nos dibujás en el aire, el problema es que no lográs reflotarnos a todos y siempre te queda alguno a mitad de camino, en el agujero negro de la memoria. Eso genera celos y malestares.
Sin embargo siempre te agradeceremos el habernos dado vida y en su momento, el habernos querido tanto. Nos hiciste tan felices Julio...

Te amamos mucho.
Tus juguetes.

4 comentarios:

Ani dijo...

Tuve el placer de ser una de las primeras en leer este cuento. Sabés que soy tu fan, me encanta como escribís, al borde de la ternura, la ironía (a veces) y el humor. Ojalá muchas visitas se deleiten con tu literatura y tu humanidad.
Te quiero Diegopio!

Diego dijo...

Ani: Tus palabras, hermosas.
Tengo que agradecerte públicamente el haberme presentado a Julio, uno de los mejores regalos de mi vida.
Te quiero Croana!

Ani dijo...

No hay por qué, che. La exigencia es que te busques un próximo sensei, a quien inculcarle las enseñanzas de DON JULIO!

Arlequincita dijo...

Diego! Bellísimo! Me hago ratos de a ratos para entrar y leer y me sorprendés con esta frescura tierna!



nada que ver, pero me intriga...¿la foto es del Torres del Payne?

Beshosh seguiré robando tiempo al reloj para leerte.

 
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